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Descargo de un joven izquierdista

  • Matteo Portela
  • 6 jul
  • 4 min de lectura

Actualizado: 30 jul

Por Matteo Portela

Primera Edición - Agosto de 2026


La victoria de la candidata de extrema derecha Keiko Fujimori en las elecciones peruanas, hija del dictador Alberto Fujimori fallecido el 12 de setiembre del 2024 quien fue condenado a 25 años de carcel por crímenes de lesa humanidad (en los que se encuentra la esterilización forzada de más de 270.000 mujeres campesinas e indigenas y las masacres de Barrios Altos y La Cantuta efectuados por el escuadron de la muerte “Grupo Colina”), pone al continente en la disyuntiva de encontrarse una vez más en ciernes de sumar otro gobierno de derecha al compendio de presidentes latinoamericanos, los mismos que alguna vez hace 20 años fueron en su gran mayoría de izquierda progresista. El tres veces presidente argentino Juan Domingo Perón en su libro La Hora de los Pueblos exclama que "el año 2000 nos encontrará unidos o dominados", y por un gran momento creímos en esas palabras cómo un aliento a que la unión de los países de la América Latina nos serviria de impulso hacia nuestra segunda independencia, sin embargo el General no pensó en una tercera opción: que nos encuentre unidos sí pero sometidos, sometidos al poder imperial gringo y para peor con la ayuda del voto popular.


Otro ejemplo anterior fue la reciente victoria de José Antonio Kast en las elecciones chilenas del año pasado que tambíen a sido un duro golpe, por no decir otro más, no sólo para la claramente dañada izquierda chilena, frustrada ante la incapacidad de cumplir con las expectativas de cambio que generaron la revuelta de 2019 y la asunción de Boric en 2022, sino para el general de la izquierda latinoamericana. Está misma que vuelve hoy a sentir a flor de piel el dolor de otra derrota más al sueño progresista nacido en principios de los 2000 y que empezó a flaquear ya entre la victoria de Piñera en 2010 y la muerte de Chavez en 2013 y que aún no sabemos que tan peor se puede poner sabiendo que las elecciones colombianas y brasileras son este año también y que la extrema derecha tiene altas chances en ambos países.


Y no es sólo eso, el creciente aumento de el fascismo cómo oferta política y discursiva valida para la discusión pública, así cómo del neoliberalismo, la mano dura, el autoritarismo, el cipayismo pro-estadounidense y las políticas antimigratorias no forman parte sólo de las operaciones ideológicas de los sectores de extrema derecha que ahora ejercen los gobiernos de latinoamérica sino, y esto es lo que más nos atemoriza actualmente, a amplios extractos sociales los cuales no es que sólo los votan desganadamente sino que ahora hasta defienden y plantean estos pensamientos mediante macabros ejercicios de racionalización.


Desde X a Instagram o Tik Tok pasando por Reddit o Devox cientos y miles de usuarios consiguieron implantar en el imaginario colectivo sus retorcidas maquinarias discursivas que ya salen de los límites de la red social para pasar a ser parte de las charlas y chistes de los jóvenes de latinoamérica (palabras cómo marrón son ejemplo de esto). A está especie de groypers locales se les suma la vieja y clásica discriminación que la izquierda progresista nunca logro de erradicar en su totalidad. Racismo, sexismo, machismo, homofobia, transfobia, anticomunismo, fascismo, nazismo, todos ganando elecciones y para peor defendido por amplias mayorías. El mundo parece que se volvio loco y lo que es peor, no hecho para que nosotros podamos vivir en él.


Y lo peor de ello es que nosotros mismos somos los primeros en criticar el devenir que tuvo el progresismo no sólo a nivel latinoamericano sino también global, los primeros en señalar sus fallos, los primeros en ver sus limitaciones materiales e ideológicas, los primeros en tratar de hacer autocrítica, y sin embargo somos también los primeros en ser señalados injustamente por la ultraderecha por sus “fracasos” y estamos cansados de ello, cansados y desesperanzados. Cansados porque no tenemos ganas de discutir lo indiscutible, de debatir sobre derechos humanos cada 20 de mayo, de tratar como un oponente valido a un racista, menos de revisar nuestro horizontalismo o nuestras aspiraciones igualitaristas. Desesperanzados porque no vemos un horizonte claro que nos prometa un futuro mejor. Estamos sin liderazgos claros, sin orientación política, sin saber bien para dónde es qué tenemos qué ir

Sin embargo está crisis, o mejor dicho metacrisis, no tiene porque tomarnos en la completa desesperanza.


Las crisis, las derrotas, los fracasos, son también grandiosas oportunidades para embarcarnos en la enorme tarea de volver a pensar creativamente, para traer nuevas

ideas, nuevas soluciones. Sí como muestra Delacoste la genialidad de León XIII Y Hayek fueron sus capacidades para encontrar un nuevo rumbo en el momento más desesperado ¿Porque no habriamos de poder nosotros? ¿O es que acaso nosotros tenemos menos creatividad o menos genialidad? ¿No acaso pertenecemos a la misma tradición de grandes intelectuales cómo Marx, Engels, Mariátegui o Gramsci; de revolucionarios cómo Sandino, Babeuf, el Che o Artigas; de políticos formidables de la talla de Líber Seregni, Salvador Allende, Tabaré o Lula; de mujeres cómo Rosa Luxemburgo, Alba Roballo, Simone de Beauvoir o Alexandra Kollontai; todos genios y genias capaces de adaptar la teoría y la práctica a la realidad con una creatividad envidiable?.


Es natural y hasta es entendible caer en el nihilismo, la depresión y el cinismo ante este mundo tan desesperante, pero aún hay razones para mantener la esperanza en construir otra vez un futuro igualitario, plural, democrático y colectivo, porque ya hemos sido derrotados mil veces y aún no nos hemos rendido, porque gracias al ejemplo de nuestros predecesores somos conscientes que a pesar de todas las dificultades y desidias podemos recuperarnos y triunfar, porque sabemos que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por dónde, gracioso y valiente, pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

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